sábado, 25 de mayo de 2013

Buda Gautama



Un elefante, por ejemplo, vive en perfecta armonía con la naturaleza; en un nirvana imperturbable. Buda quería equipararnos a ellos, o a cualquier otro ser vivo. ¡Qué insensatez! Sus pretensiones equivaldrían a pedirle a un loco que dejara de pensar en la luna; a exigirle al grajo que dance con la majestuosidad del cisne.

domingo, 19 de mayo de 2013

Camilo José Cela



La narrativa de Cela no es, desde luego, insuperable; pero sí superlativa. Cuando lo leo, una profunda zozobra me incita a pensar que jamás seré un gran novelista, ni siquiera uno mediocre. Aunque he concluido que esa empatía que parecía reflejar respecto a las miserias de los pobres, de los pobres entre los pobres, no es más que la gélida visión de un crío crecido entre algodones.

 Alguien que se haya desahogado con una cabra por necesidad jamás lo relataría en una novela, y menos con sorna; en todo caso, lo haría en un diario secreto, para purgar el insufrible sentimiento de vergüenza y humillación que le carcome el orgullo.

domingo, 12 de mayo de 2013

Los Santos Inocentes



Cuando Azarías ahorcó al señorito por haberle matado a su Milana bonita se hizo, por un instante, la luz en mi corazón. Poner la otra mejilla es el acto más cobarde, egoísta y desleal que se le puede brindar a las generaciones venideras.

domingo, 21 de abril de 2013

They Shoot Horses, Don't They?



No tengo un autor predilecto, ni un libro, ni una canción, ni una comida; pero después de mucho meditar, con mi limitado intelecto, eso sí, he llegado a la conclusión de que esta película está un peldaño por encima de todas las que he visionado.

Jules Renard




Para triunfar has de echarle agua a tu vino, hasta que no te quede vino.

(DEBOLSILLO/DIARIO 1887-1910/ PÁG. 73)

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Woody Allen


"Existen dos tipos de personas, los horrorosos y los miserables. Los horrorosos son los que tienen algún defecto físico, los miserables todos los demás".

lunes, 19 de noviembre de 2012

Johann Peter Frank


"El hambre y las enfermedades están pintadas sobre la frente de toda la clase trabajadora. Se los reconoce a primera vista. Y cualquiera que los haya observado, no llamaría a esas personas un hombre libre, expresión que ha perdido todo su significado". 

(Johann Peter Frank 1745–1821)


 Se me podría recriminar el hacer apología de ideas decimonónicas, que poca o ninguna vigencia tienen en la actualidad, por rescatar del pasado las palabras arriba expuestas. Pero eso sí, arguyendo para ello razones tan fútiles que no haría falta más que una suave ráfaga de viento para derribarlas ipso facto:

Cierto es que la clase obrera de nuestro tiempo rara vez pasa hambre; pero en su defecto, sus miembros, se ahorcan y se tiran por los balcones por no disponer de medios suficientes para hacer frente al pago de sus hipotecas. La sanidad, bien sabido por todos, es pública, y gratuita en los casos de personas desempleadas; por ejemplo. Pero ante un trasplante de hígado, si solo se dispone de un órgano, en primera instancia estará el ciudadano acaudalado; después el asalariado. En definitiva, no creo que se pueda llamar "hombre libre" a alguien que trabaja nueve horas al día por novecientos euros. Y si a ello se le suma la presión que acarrea el saber que si se renuncia al puesto, en la puerta habrá miles de desempleados esperando a cubrir la vacante por un salario menor y unas condiciones más precarias si cabe, no es de extrañar que más de uno medite seriamente sobre el suicidio.

 Que me tilden de loco, pesimista o agitador; pero de ningún modo transigiré, al menos en espíritu, con semejante genocidio contra la clase trabajadora.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Elias Canetti


Los escritores insufribles no tienen que ser, precisamente, aquellos que no atinan con el lenguaje más adecuado para enlazar las palabras con una harmonía celestial, o los que yerran en la gramática; sino los que, aunque escriban como si sus plumas estuviesen guiadas por la mismísima mano del altísimo, carecen de sentimiento alguno; aquellos que en vez de buscar la inspiración en el corazón, la hallan en el raciocinio, en la enmohecida y apestosa lógica de todos los que, lejos de considerarse enfermos, por su condición de mortales, se conceptúan a sí mismos como criaturas elevadas, elegidas para saborear el don de la existencia.

 No esperaba yo, en Canetti, ninguna revelación; quizás debido a los absurdos prejuicios que me incitan a pensar que todo lo enaltecido por el vulgo está vacío, y que solo los desheredados y los malditos tienen algo que decir. Pero tampoco lo que para mi decepción he encontrado en sus Apuntes: una soporífera letanía de reflexiones incuestionables con la vitola del Premio Nobel.

 Se atisba, sin duda, en sus ideas, una inteligencia superior que no deja cabos sueltos a la hora de adentrarse en los oscuros entresijos de la verdad. Pero todo ello con guantes y mascarilla, con asepsia de quirófano, como si de un cirujano se tratase. Y es que no hay nada más mediocre y hastioso que un escritor que no descubra su alma a la hora de empuñar la pluma.

martes, 26 de junio de 2012

Willie Colón & Héctor Lavoe

Walter Serner


Leyendo el “Manual para embaucadores” de Walter Serner no puedo sino acordarme de Newton. Y es que si no fuera porque conozco su trágico final (Serner acabó sus días en un campo de concentración nazi), no me hubieran faltado ganas de volver atrás en el tiempo para encontrarme con él y bajarlo al fangoso terreno de lo humano de una bofetada dialéctica.

 Serner poseía una inteligencia desmesurada y unos modales impecables; pero ambos atributos en nada se hallaban reñidos con la estupidez y el esnobismo que lo asemejaban más al Fantasma de Canterville que al irónico y sagaz literato que pretendió ser.

Este tratado para pícaros y marrulleros posee pasajes inconmensurables, dignos de una genialidad que roza lo insultante. Pero la mayor parte del mismo parece haberla compuesto un taimado adolescente al que la vida sólo ha mostrado su cara más amable; puesto que hace, en sus disertaciones, una ridícula y despiadada criba entre ricos y pobres que lapida cualquier vestigio de intelectualidad en su persona.

En ocasiones, su frivolidad es tal que hasta la mujer más coqueta y superficial vería en él a un adversario más que a un hombre.

 Serner tenía el método, lo conocía a la perfección; pero jamás lo puso en práctica antes de escribir su tratado. No le fue preciso: sus experiencias jamás atravesaron la superficie.

jueves, 21 de junio de 2012

Henri-Frédéric Amiel


He devorado “En torno al diario íntimo” de Amiel en un abrir y cerrar de ojos. Y me sorprende, la verdad; me sorprende porque es un libro introspectivo, repetitivo y lineal. Pero todos esos condicionantes no han sido lo suficientemente fuertes para frenar mi curiosidad sobre las reflexiones de este gris personaje que, en el mejor de los casos, vivió para el fantasma de la vanidad, una vanidad opaca, hipócrita y fatigosa.

En nada se emparenta su penosa filosofía con mi angustioso y visceral modo de interpretar la vida. Intuyo en sus palabras el carácter de un hombre engreído por la sensación de superioridad que produce la elusión del pecado, y no hallo atisbo alguno de nobleza en su intachable verborrea. Sin embargo, en sus reflexiones se adivina una inteligencia exquisita, un manjar digno del Olimpo.

 Nos guste o no, lo que en realidad llama al espíritu, lo que lo atrae a las llamas del deseo es lo frío, lo concienzudamente meditado; todo aquello que adivinemos de una pasta superior a la nuestra. Todo lo que sea capaz de erradicar, en su vasto interior, cualquier vestigio de debilidad respecto al resto; y Amiel, en este contexto demuestra su fortaleza aislándose del mundo y refugiándose en su diario. Está solo, solo y maldito en su triste, casto y gris universo de egolatría.

sábado, 21 de abril de 2012

Friedrich Hölderlin


El consenso público

  "¿No es más bella la vida de mi corazón desde que amo? ¿Por qué me distinguíais más cuando yo era más arrogante y arisco, más locuaz y más vacío? ¡Ah! La muchedumbre prefiere lo que se cotiza, las almas serviles sólo respetan lo violento. Únicamente creen en lo divino aquellos que también lo son".

 Versión de Federico Gorbea

martes, 3 de enero de 2012

Genialidad y mediocridad

Entropía.

Woody Allen: "No poder volver a meter la pasta de dientes en el tubo".

RAE: Fís. "Medida del desorden de un sistema. Una masa de una sustancia con sus moléculas regularmente ordenadas, formando un cristal, tiene entropía mucho menor que la misma sustancia en forma de gas con sus moléculas libres y en pleno desorden".

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Fernando Pessoa


Me irrita la felicidad de todos esos hombres que no saben que son desgraciados. Su vida humana está llena de todo cuanto constituiría una serie de angustias para una sensibilidad verdadera. Pero, como su verdadera vida es vegetativa, lo que sufren pasa por ellos sin tocarles el alma, y viven una vida que se puede comparar únicamente con la de un hombre con dolor de muelas que hubiese recibido una fortuna, la fortuna auténtica de estar viviendo sin darse cuenta; el mayor don que los dioses conceden, porque es el don de ser semejante a ellos, superior como ellos (aunque de otro modo) a la alegría y al dolor. 

Por eso, a pesar de todo, los amo a todos. ¡Mis queridos vegetales!

(SEIX BARRAL/ LIBRO DEL DESASOSIEGO/ F. PESSOA/ PÁG. 81)

martes, 29 de noviembre de 2011

Arthur Schnitzler


(368) Si agitas un aforismo, caerá una mentira y quedará una banalidad. 

(369) Mal aforismo es aquel ante el que una persona inteligente no piense: eso mismo,o lo contrario, se me ha ocurrido a mí también alguna vez. 

(370) En el corazón de todo aforismo, por nuevo o paradójico que finja ser, late una verdad ancestral.

(372) No hay verdades nuevas en el mundo. ¿Y esperabas encontrarlas en estas fracesillas?

(RELACIONES Y SOLEDADES/ EDHASA EDITORIAL/ PÁG. 119)

viernes, 25 de noviembre de 2011

Collin Huggins



La genialidad no tiene precio, no se puede comprar, no es apta para estúpidos, es algo etéreo, mágico y al alcance de muy pocos; por eso se explica que la primera edición de Zaratustra vendiese tan sólo 40 ejemplares, y que la gente pase delante de Collin Huggins como si pasara delante de una estatua...

miércoles, 23 de noviembre de 2011

R.I.P

Ha muerto un científico y ha nacido un charlatán.

El mundo está de enhorabuena, E. Punset ha muerto como científico y ha resucitado como charlatán, como falso profeta, como cobrador del frac disfrazado de psicólogo, y es que los cuentacuentos, los vendedores de ilusiones, son los que despiertan al sol cada mañana y consiguen sosegar el odio de las masas.  Sin los charlatanes no existiría la paz interior para los mediocres, ni la exterior para los hombres de libre pensamiento.

Las últimas palabras de Punset en la televisión: “Todo tiempo pasado fue peor” anunciando su último libro se las deberían de haber dicho a los judíos que fueron víctimas del holocausto nazi cuando se encontraban en Auschwitz o en cualquier otro terrorífico campo de concentración, o a Steve Jobs antes de que le diagnosticaran la terrible enfermedad que acabó con su vida.

Apunta Punset que el optimismo es la fuente de la vida, sin tener en cuenta que para ser optimista hay que ser, como mínimo idiota o imbécil, idiota o imbécil por no reparar en que la vida es truco, una broma de mal gusto, que como mucho se puede tomar a bien, pero no más. Cualquier persona con un grado de inteligencia medio es consciente de que su existencia es absurda, y por lo tanto inservible, infructuosa y yerma, y que como único aliciente para seguir adelante con la misma tan sólo se le ha proporcionado una desgracia ineludible y dolorosísima: la muerte.

Pero a pesar de todo ello, hemos de sentirnos de enhorabuena como ya dije antes, los charlatanes son más necesarios que los médicos los poetas o los filósofos, y si no, miremos a Jesucristo.