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viernes, 20 de septiembre de 2013
Camilo José Cela
Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera y en destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte. Hay hombres a quienes se les ordena marchar por el camino de las flores, y hombres a quienes se les manda tirar por el camino de los cardos y de las chumberas. Aquellos gozan de un mirar sereno y al aroma de su felicidad sonríen con la cara del inocente; estos otros sufren del sol violento de la llanura y arrugan el ceño como las alimañas por defenderse. Hay mucha diferencia entre adornarse las carnes con arrebol y colonia, y hacerlo con tatuajes que después nadie ha de borrar ya.
(La familia de Pascual Duarte)
miércoles, 19 de junio de 2013
Camilo José Cela
"A Lázaro Codesal, que murió joven, no llegaría a los veintidós años, ¿para qué hubo de valerle manejar el palo como nadie, en cinco leguas a la redonda o más? A Lázaro Codesal lo mató un moro a traición, lo mató mientras se la meneaba debajo de una higuera, todo el mundo sabe que la sombra de la higuera es muy propicia para el pecado en sosiego; a Lázaro Codesal, yéndole de frente, no lo hubiera matado nadie, ni un moro, ni un asturiano, ni un portugués, ni un leonés, ni nadie".
(MAZURCA PARA DOS MUERTOS / SEIX BARRALL / PÁG. 9)
domingo, 19 de mayo de 2013
Camilo José Cela
La narrativa de Cela no es, desde luego, insuperable; pero sí superlativa. Cuando lo leo, una profunda zozobra me incita a pensar que jamás seré un gran novelista, ni siquiera uno mediocre. Aunque he concluido que esa empatía que parecía reflejar respecto a las miserias de los pobres, de los pobres entre los pobres, no es más que la gélida visión de un crío crecido entre algodones.
Alguien que se haya desahogado con una cabra por necesidad jamás lo relataría en una novela, y menos con sorna; en todo caso, lo haría en un diario secreto, para purgar el insufrible sentimiento de vergüenza y humillación que le carcome el orgullo.
jueves, 11 de noviembre de 2010
Camilo José Cela

Voz de él:
A las mujeres no les llega al corazón el calor de otro corazón que arda por su cariño; les impresiona el hombre adulto, el animal macho, aunque esté vacio de ternura, aunque sea incapaz de levantar la brisa con un beso, de dejarse morir de desesperación por una mirada. No ven sino el marchamo, la etiqueta. ¿Es un hombre? Sí. ¿Tiene treinta años? Sí. ¿Tiene 1,80 de estatura? Sí. ¡Pues adelante!
Voz de ella:
Los hombres y las mujeres no nos entendemos; nos queremos, a veces hasta con apasionamiento, con furia, y somos capaces de dejarnos matar por un amor, de quitarnos la vida por una desilusión; pero jamás llegamos a comprender a la persona por la que nos sacrificamos. Ni ella llega tampoco a entendernos a nosotros. Somos muy diferentes. A un hombre y a una mujer los une un beso, una mirada tan sólo; pero la conversación... No puede hablarse con un hombre a quien desearíamos besar, con un hombre a quien quisiéramos fundir en un abrazo y decirle:
-¡No, no te separes jamás de mí; apriétame contra tu pecho; prefiero la muerte a tener que levantar la cabeza de tu hombro un solo instante!
(RBA/ PABELLÓN DE REPOSO/ PÁGINAS 47, 54)
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