jueves, 8 de agosto de 2013
Paul Gauguin
Invierno de 1886.
La nieve comienza a caer; es invierno. Quiero ahorraros la descripción: es simplemente la nieve. Los pobres están sufriendo. A menudo no comprenden esto los caseros.
En este día de diciembre, en la calle Lépic de nuestra buena ciudad de París, los transeúntes se dan más prisa que de costumbre, pues no tienen deseos de callejear. Entre ellos se encuentra un hombre fantásticamente vestido que, tiritando, se apresura para llegar a los bulevares exteriores. Está envuelto en un sobretodo de piel de oveja con una gorra que es sin duda de piel de conejo, y tiene una hirsuta barba pelirroja. Parece un arriero.
No lo miréis por encima; por más frío que haga, no sigáis vuestro camino sin observar cuidadosamente la mano blanca y graciosa y esos ojos azules que son tan claros e infantiles. Es algún pobre mendigo, seguramente.
Su nombre es Vincent Van Gogh.
Entra apresuradamente en una casa de comercio donde venden herrajes viejos, flechas de salvajes y cuadros al óleo baratos.
¡Pobre artista! ¡Pusiste un trozo de tu alma en ese cuadro que has venido a vender!
Es una pequeña naturaleza muerta, camarones rosados sobre un pedazo de papel rosado.
-¿Puede usted darme algo por este cuadro para ayudarme a pagar el alquiler? –pregunta.
-¡Dios mío, amigo, mis negocios van mal también! ¡Me piden Millet baratos! Además -agrega el comerciante-, sus cuadros, sabe usted, no son muy alegres. Ahora está de moda el Renacimiento. Bueno, dicen que usted tiene talento y me gustaría ayudarlo. Venga, aquí tiene cinco francos –responde.
Y la moneda redonda rueda sobre el mostrador. Van Gogh la toma sin murmurar, da las gracias al comerciante y sale. Recorre penosamente el camino de regreso a la calle Lépic. Cuando ha llegado casi a su alojamiento, una pobre mujer, que acaba de salir de Saint Lazare, sonríe al pintor, esperanzada en su amparo. La hermosa mano blanca sale del sobretodo. Van Gogh es un lector, está pensando en la niña Elisa, y su moneda de cinco francos pasa a ser propiedad de la desgraciada mujer. Rápidamente, como si se avergonzara de su caridad, huye con su estómago vacío.
Vendrá el día, lo veo como si ya hubiera llegado. Entro en la sala número 9 de la galería de subastas. Al llegar yo el martillero está vendiendo una colección de cuadros. "Cuatrocientos francos por `Los Camarones Rosados': ¡Cuatrocientos cincuenta! ¡Quinientos! Vamos, señores, vale mucho más que eso". Nadie dice nada. "¡Vendido! "Los Camarones Rosados", por Vincent Van Gogh".
(Diario íntimo)
miércoles, 7 de agosto de 2013
Armando Buscarini
Yo soy un triste joven de ardiente sed carnal...
Yo soy un triste joven de ardiente sed carnal,
porque, como a Verlaine, me devora ese mal,
y busco en los burdeles, sediento de lujuria,
las mujeres que calmen mi afrodisíaca furia:
esas mujeres, propias mártires de sus vidas,
que tienen cadavéricos semblantes de suicidas.
Y encuentro en las caricias de esas pobres rameras
como un florecimiento de muertas primaveras…
Yo soy un triste poeta taciturno
a quien embruja el rayo siniestro de Saturno,
y en mis íntimas horas de dolor y de anemia
voy trazando mis versos que son rezo y blasfemia.
Mis poemas son tristes porque triste es mi vida,
los poemas sin nombre de mi alma dolorida
por todos los dolores de mi negra orfandad,
en esta vida inquieta de amarga soledad.
(Cancionero del arroyo, 1920)
domingo, 4 de agosto de 2013
Oscar Wilde
VIVIAN. (Mientras que entra por la puerta-balcón abierta de la terraza). -Pasa usted demasiado tiempo encerrado en la biblioteca, querido. Hace una tarde magnífica y el aire es tibio. Flota sobre el bosque una bruma rojiza como la flor de los ciruelos. Vayamos a tumbarnos sobre la hierba, nos fumaremos un cigarrillo y gozaremos de la madre Naturaleza.
CYRIL. -¡Gozar de la Naturaleza! Antes de nada quiero que sepa que he perdido esa facultad por completo. Dicen las gentes que el Arte nos hace amar aún más a la Naturaleza, que nos revela sus secretos y que una vez estudiados estos concienzudamente, según afirman Corot y Constable, descubrimos en ella cosas que antes escaparon a nuestra observación. A mi juicio, cuanto más estudiamos el Arte, menos nos preocupa la Naturaleza. Realmente lo que el Arte nos revela es la falta de plan de la Naturaleza, su extraña tosquedad, su extraordinaria monotonía, su carácter completamente inacabado. La Naturaleza posee, indudablemente, buenas intenciones; pero como dijo Aristóteles hace ya tiempo que no puede llevarlas a cabo. Cuando miro un paisaje, me es imposible dejar de ver todos sus defectos.
(Ensayos)
Edgar Allan Poe
Eldorado
Brillantemente ataviado, un galante caballero,
viajó largo tiempo al sol y a la sombra,
cantando su canción, a la busca del Eldorado.
Pero llegó a viejo, el animoso caballero, y
sobre su corazón cayó la noche porque en ninguna
parte encontró la tierra del Eldorado.
Y al fin, cuando le faltaron las fuerzas, pudo
hallar una sombra peregrina. —Sombra, —le
preguntó —¿dónde podría estar esa tierra del
Eldorado?
—«Más allá de las montañas de la Luna, en
el fondo del valle de las sombras;
cabalgad, cabalgad sin descanso —respondió la sombra, —si
buscáis el Eldorado...».
(Poemas)
sábado, 27 de julio de 2013
François Villon
Creo estar las quejas oyendo
de la que fue la Bella Armera;
ella querría aún ser joven...
Parece hablar de esta manera:
-¿Por qué tan pronto me venciste,
vejez cruel y traicionera?
-¿Qué me ata que no me hundo el hierro
que esfumaría mis miserias?
Me arrancaste lo que Belleza
me otorgara para que reine
sobre clérigos y eclesiásticos,
sobre señores y burgueses.
No había entonces hombre muy cuerdo
que sus bienes no me cediese
con tal que lo único le diera
que de la puta nunca obtienen.
¡Y a cuántos hombres lo negué
-¡era entonces tan poco sabia!-
por un muchacho más que astuto
a quien encadené mi alma!
Disimulaba con los otros;
¡a él, Dios mío, cuánto lo amaba!
Y me zurraba sin embargo
y me quería por mi plata.
Mas por mucho que me golpeara
yo nunca lo dejé de amar,
y aunque me hubiese dado azotes
el dolor me hacía olvidar
con sólo reclamarme un beso.
Ese demonio, ese truhán
me abrazaba y... ¿Qué guardo de esto?
Vergüenza y pecado, no más.
Hace treinta años que está muerto
y yo, vieja, canosa, sigo.
Cuando me acuerdo de otros tiempos
y desnuda cuando me miro
y me veo tan diferente
(¡qué horrenda soy! ¡qué bella he sido!)
encogida, marchita, flaca,
me tengo rabia porque vivo.
¿Qué se hicieron mi lisa frente ,
mis cejas y cabellos rubios,
mis ojos de mirar travieso
con que atrapaba a los más duros,
esa nariz recta y mi rostro,
mi rostro que ahora en vano busco,
mis orejas blancas y firmes
y mis labios de un rojo puro?
¿Mis hermosos pequeños hombros,
largos brazos y manos finas,
pezones chicos y caderas
altas y sólidas, propicias
para batallas de amor largas
y, sobre todo, eso que hacía
dichoso al hombre entre mis muslos
bajo el jardín que lo escondía?
La frente ajada, blanco el pelo,
apagados los ojos que ayer
lanzaban rientes miradas
al pecho del noble y del burgués,
la nariz corva y las orejas
colgando velludas y también
del rostro huidos los colores
-si labios tiene, no se ven-
¡en eso para la belleza
humana! Manos contraídas,
brazos cortos, varias jorobas
entre los hombros distribuidas,
resecas están ya las tetas,
asco da eso que daba dicha
y los muslos amoratados
antes que muslos son salchichas.
Así juntas nos lamentamos
algunas pobres viejas tontas
sentadas sobre nuestras grupas
y acurrucadas en la sombra
junto a un fuego de pajas malas
que se apaga al viento que sopla.
¡Y en un tiempo fuimos tan bellas!
Así habrá de pasarle a todas.
viernes, 26 de julio de 2013
William Shakespeare
El mañana, y el mañana, y el mañana se deslizan de día en día hasta que nos llega el último instante: y todos nuestros ayeres no han sido otra cosa sino bufones que han facilitado el paso a la polvorienta muerte. ¡Apágate, apágate luz fugaz! La vida no es más que una sombra que pasa, desmedrado histrión que se ensoberbece y se impacienta el tiempo que le toca estar en el tablado y de quien luego nada se sabe: es un cuento que dice un idiota, lleno de ruido y de arrebato, pero falto de toda significación.
(Macbeth)
miércoles, 24 de julio de 2013
Scott Fitzgerald
“Trabajar con los pobres tiene efectos distintos sobre las personas. Si vives la pobreza junto a ellos, comprendes su psicología y la experiencia es enriquecedora. (…) Por el contrario, una chica de Bennington College que trabaja un mes en los barrios bajos pero se va los fines de semana a la mansión de su padre en Long Island no obtiene más que la sensación vanidosa de ser una ricachona auxiliadora”.
(Cartas a mi hija)
martes, 23 de julio de 2013
William Shakespeare
¡Oh, si esta masa de carne demasiado sólida pudiera ablandarse y liquidarse disuelta en lluvia de lágrimas! ¡Oh, Dios! ¡Cuán fatigado ya de todo, juzgo molestos, insípidos y vanos los placeres del mundo! Nada, nada quiero de él. Es un campo inculto y rudo, que solo abunda en frutos groseros y amargos. (...) Ni siquiera dos meses han pasado desde la muerte de aquel rey que fue, comparado con este, como Hiperión con un sátiro, y tan amante de mi madre, que ni a los aires celestes permitía llegar atrevidos a su rostro. (...) ¡Cielos! Una fiera, incapaz de razón y discurso, hubiera mostrado aflicción más durable... Esa mujer se ha casado con mi tío, con el hermano de mi padre, pero no más parecido a él que yo lo soy a Hércules. En un mes, enrojecidos aún los ojos con el pérfido llanto, se casó. (...) Esto no puede terminar bien. Pero hazte pedazos, corazón mío, pues mi lengua debe reprimirse.
(Hamlet)
lunes, 22 de julio de 2013
François-René de Chateaubriand
En la aduana, un viejo cadete funcionario fingió visitar mi carruaje. Yo había preparado una moneda de cien sueldos; él la veía en mi mano, pero no se atrevía a cogerla por miedo a sus jefes, que lo estaban vigilando. Se quitó la gorra con la excusa de de registrar mejor, la dejó sobre el cojín que había delante de mí, diciendo en voz baja: "En la gorra, por favor"
viernes, 19 de julio de 2013
Fernando Pessoa
He descubierto que la lectura es una forma de soñar esclavizada. Si he de soñar, ¿por qué no soñar mis propios sueños?
(Diarios)
domingo, 14 de julio de 2013
Christopher Marlowe
Fausto: Primero te interrogaré acerca del infierno. Dime, ¿dónde queda el lugar que los hombres llaman infierno?
Mefistófeles: Debajo del cielo.
Fausto: Sí, pero ¿en qué lugar?
Mefistófeles: En las entrañas de estos elementos. Donde somos torturados y permaneceremos siempre. El infierno no tiene límites, ni queda circunscrito a un solo lugar, porque el infierno es aquí donde estamos y aquí donde es el infierno tenemos que permanecer...
Christopher Marlowe (Doctor Fausto)
Witold Gombrowicz
Me paseaba por la avenida bordeada de eucaliptos, cuando, de pronto, de detrás de un árbol salió una vaca. Me detuve y nos miramos a los ojos. Su condición vacuna sorprendió hasta tal punto mi condición humana –tan tenso fue el momento en que nuestras miradas se cruzaron-, que me sentí confundido en tanto que hombre, es decir, en tanto que miembro de mi género, del género humano. Sentimiento extraño que experimentaba probablemente por primera vez: la vergüenza del hombre frente al animal. Le permití que me mirase y me viese, lo cual nos hizo iguales, yo también me convertí en animal, pero un animal extraño, hasta diría que ilícito. Me puse en camino reanudando mi paseo interrumpido, pero me sentía incómodo, en medio de la naturaleza, que me asediaba por todas partes, y que de alguna manera me contemplaba.
(Diario 1958)
sábado, 6 de julio de 2013
Piotr Kropotkin
Cuando el pueblo se venga, nadie tiene derecho a ser juez. Solo su conciencia puede juzgarlo. Pero, al procurador que quiere hacer asesinar fríamente, con todo el aparato abyecto de los tribunales, una cosa tenemos que decirle: -No te hagas el aristócrata. Sé verdugo, si es que quieres ser juez. ¿Hablas de igualdad? ¡Pues igualdad! ¡No queremos la aristocracia del tribunal junto a la plebe del cadalso!
(Las prisiones)
viernes, 5 de julio de 2013
Vladimír Holan
Que los muertos entierren a los muertos
Si los vivos pasaran por delante de los muertos
sería el final del presente y el futuro de los remordimientos...
Si los vivos pasaran por encima de los muertos,
nosotros, los vivos, volaríamos...
Pero la cosa es así:
remordimientos sí, alas no.
miércoles, 3 de julio de 2013
Giovanni Papini
Yo nunca he sido niño. No he tenido infancia. Cálidas y blondas jornadas de embriaguez pueril; largas serenidades de la inocencia; sorpresas de los descubrimientos cotidianos del universo: ¿qué son para mí? No los conozco o no los recuerdo. Después los he sabido por los libros, los adivino, ahora, en los muchachos que veo; los he sentido y probado por primera vez en mí, pasados los veinte años, en algún instante feliz del armisticio o de abandono. Infancia es amor, alegría, despreocupación, y yo me veo en el pasado siempre, separado y meditabundo. Desde pequeño me he sentido tremendamente solo y diferente. No sé el porqué. ¿Quizás porque los míos eran pobres, o porque yo no había nacido como los otros? No sé: recuerdo solamente que una tía joven, me puso el sobrenombre de viejo a los seis o siete años y que todos los parientes lo aceptaron. Y, en efecto; la mayor parte del tiempo estaba serio y cejijunto; hablaba muy poco hasta con los otros chicos; los cumplidos me daban fastidio; las caricias me causaban desprecio, y al tumulto desenfrenado de los compañeros de la edad más bella, prefería la soledad de los rincones más apartados de nuestra casa pequeña, pobre y oscura. Era, en fin, lo que las señoras de sombrero llaman un "niño tímido" y las mujeres en cabeza "un sapo".
Giovanni Papini (Un hombre acabado)
lunes, 1 de julio de 2013
Federico el Grande
"Entre los griegos y los romanos pudo prosperar la filosofía porque la religión pagana no tenía dogmas; pero estos lo corrompen todo entre nosotros. Los escritores tienen que aplicarse a su trabajo con una cautela con la que se causa violencia a la verdad. La chusma de la sotana venga el más tímido ataque a la ortodoxia; nadie se atreve a mostrar la verdad sin tapujos".
Federico el Grande en una Carta a Voltaire
domingo, 30 de junio de 2013
William Burroughs
"La droga es una ecuación celular que enseña al usuario hechos de validez general. Yo he aprendido muchísimo gracias al uso de la droga: he visto la vida medida por cuentagotas de solución de morfina. He experimentado la agonizante privación de la enfermedad de la droga, y el placer del alivio cuando las células sedientas de droga beben de la aguja. Quizá todo placer sea alivio. Yo he aprendido el estoicismo celular que la droga enseña al que la usa. He visto una celda llena de yonquis enfermos, silenciosos e inmóviles, en aislada miseria. Ellos conocían la inutilidad de quejarse o moverse. Ellos sabían que básicamente nadie puede ayudar a otro. No existe clave, no hay secreto que el otro tenga y que pueda comunicar. He aprendido la ecuación de la droga. La droga no es, como el alcohol o la yerba, un medio para incrementar el disfrute de la vida. La droga no es un estimulante. Es un modo de vivir".
William Burroughs (Yonqui)
miércoles, 26 de junio de 2013
Charles Baudelaire
Es imposible recorrer una gaceta cualquiera, de no importa qué día, qué mes, o qué año, sin tropezar a cada línea con los signos de la perversidad humana más espantosa, al mismo tiempo que con las jactancias más sorprendentes de honradez, de bondad, de caridad y las más descaradas afirmaciones relativas al progreso y a la civilización.
Cualquier diario, de la primera a la última línea, no es más que un tejido de horrores. Guerras, crímenes, robos, impudicias, torturas, crímenes de príncipes o de naciones, crímenes de particulares, una borrachera de atrocidad universal.
Y con ese asqueroso aperitivo, el hombre civilizado acompaña su comida cada mañana. Todo en este mundo transpira crimen: el diario, la pared y el rostro del hombre.
No entiendo cómo una mano pura puede abrir un periódico sin una convulsión de asco.
CHARLES BAUDELAIRE (MI CORAZÓN AL DESNUDO Y OTROS PAPELES ÍNTIMOS)
sábado, 22 de junio de 2013
José Antonio Ramos Sucre
Gratitud más que amor siento por esa adolescente que cada tarde, a mi paso por delante de su ventana, recompensa con una sonrisa mi trabajo agobiador del día entero. Su inocencia no se ha espantado de mi tristeza que trasciende y contagia; para calmar mi desesperación, ella responde a mi galantería con un tímido silencio, mientras me envuelve de sus miradas dormidas, atenuando mi propio dolor y el que acabo de recoger a mi paso por los barrios de la miseria y el vicio.
Imposible el amor cuando el porvenir ha caído al suelo, y la enfermedad de vivir arrecia como una lluvia helada y triste. Gratitud nada más para la adolescente que me protege contra la desgracia por todo el resto del día, siguiéndome con la vista hasta que desaparezco entre los transeúntes de la calle interminable. Gratitud para la naturaleza que a esta hora del año se viste de funerales atavíos haciéndome comprender que no estoy solo, que cuanto vive sufre, y todo vive. (...)
miércoles, 19 de junio de 2013
Camilo José Cela
"A Lázaro Codesal, que murió joven, no llegaría a los veintidós años, ¿para qué hubo de valerle manejar el palo como nadie, en cinco leguas a la redonda o más? A Lázaro Codesal lo mató un moro a traición, lo mató mientras se la meneaba debajo de una higuera, todo el mundo sabe que la sombra de la higuera es muy propicia para el pecado en sosiego; a Lázaro Codesal, yéndole de frente, no lo hubiera matado nadie, ni un moro, ni un asturiano, ni un portugués, ni un leonés, ni nadie".
(MAZURCA PARA DOS MUERTOS / SEIX BARRALL / PÁG. 9)
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